Hace un par de semanas, una amiga me escribió para preguntarme si estaba de acuerdo en que compartiera mi número celular con su sobrina, porque necesitaba hacer una entrevista como parte de una tarea de la escuela. Ella estudia una carrera relacionada con actividades en la naturaleza y quería preguntarme cosas sobre “trepar cerros”.
La verdad me tomó de sorpresa, en este contexto de pandemia por el COVID-19 y una serie de cambios que he tenido en mi vida durante los últimos 6 meses, me he mantenido algo “quieta” tanto en cuestiones laborales como de montaña, por lo que no me esperaba que alguien quisiera entrevistarme.
Conversamos un poco sobre datos generales, lo que he hecho en el ámbito profesional-laboral y en la montaña, lo básico como para que planteara sus preguntas que más adelante me enviaría para realizar la entrevista. Desde ese día me quedé pensando en esa “introducción sobre mí».
Me quedé pensando en todo aquello que muchas veces me es difícil ver y/o reconocer cuando miro hacia atrás. Dicen que es más fácil recordar lo doloroso y lo que nos deja cicatrices en nuestras vidas; y sí. Pero también es genial poder mirar dónde estoy parada el día de hoy y cuánto he avanzado desde hace algunos años, yo, en mi propio camino, sin compararme con “lo que una mujer de tu edad ya tendría que haber logrado”.
Hoy nos conectamos vía internet y realizamos la entrevista, al principio me sentía un poco rara, pero poco a poco las respuestas fueron fluyendo y algo dentro de mí se reconectó. Compartir mis experiencias, mis logros, mis maneras de ver la vida en distintos ámbitos y sentir la maravillosa vibra de mi entrevistadora fue una grandiosa experiencia. Me ayudó a volver a escucharme, a cuestionarme cosas que no me había preguntado y otras que había perdido de vista. También me sacó de la zona de confort y de las vueltas a mis propios pensamientos, me ayudó a ver hacia afuera desde sus ojos, desde los ojos de quien está con todo el entusiasmo de aprender y exprimirle lo que más se pueda a la vida. Me conmovió, me recordó a mi yo de hace ya varios años.
Esta experiencia me llenó de energía el día y me recordó que siempre es mejor agradecer lo que hay, lo que sí se ha hecho, lo que sí se ha logrado y que muchas de esas cosas que anteriormente ni te imaginabas que podrías lograrlas, o que no estaban en tu “plan de vida”, han sido parte del mejor plan emergente para hacer frente a los retos y circunstancias que se te han presentado.
Espero que haber realizado este ejercicio sea tan útil para mi entrevistadora como lo fue para mí. ¡Gracias!