La humedad se los va a comer

Desde que regresé a Xalapa, he estado recordando algunas cosas que ya tenía en mente –o me las ha recordado el entorno-. Una de ellas es la humedad que hay en casi cualquier casa, departamento, lugar de la ciudad, por el clima cálido y húmedo que predomina. Bendita humedad que de unos días a otros aparece por todos lados y en todas las cosas.

En la ropa, en los zapatos, en las bolsas, en los cajones, en la cocina… ¡En todos lados!, por más que el espacio esté ventilado, por más que le dé el sol a las cosas, la humedad hace sus estragos. Manchas, olor, moho y una larga lista de manifestaciones que me hacen recordar que esta ciudad es húmeda y todo tiene que estar en constante revisión.

Bendita, sí, en el primer párrafo dije “bendita humedad”, porque justo me ha llevado a reflexionar mucho: primero he tenido que observar ¿qué se llena de humedad y por qué?, ¿dónde estaba puesto o guardado?, ¿le daba el aire y el sol o estaba oculto?, ¿hace cuánto que no usaba esto o aquello?, ¿será que por eso se humedeció tanto?

Después de observar y hacerme preguntas al respecto, y obviamente sacar, lavar/limpiar y asolear aquellos artículos “llenos de humedad”, me di cuenta que muchas de estas cosas son las que casi no uso, o las que ni siquiera saco al menos una vez a la semana (bueno, excepto el librero que no puedo sacar conmigo). Esto me llevó a dos situaciones principales: la primera, ¿cuántas de estas cosas que tengo, realmente uso y necesito? Y, la segunda, ¿cuántos talentos, habilidades, conocimientos que voy guardando y dejo de utilizar estarán llenos de humedad?

La primera situación me ha llevado a revisar las cosas de las que puedo prescindir, sacarlas, venderlas, regalarlas, truequearlas, tirarlas o darles cualquier trato que requieran para que estén fuera de mi espacio, sea lo que sea para lo que las tenía, ya han cumplido su función y si siguen conmigo, sólo se seguirán llenando de humedad e irremediablemente en algún momento que no me dé cuenta o no me dé el tiempo de revisar y limpiar, la humedad se las “comerá” y quedarán inservibles, “ni para el Dios ni para el Diablo”, como dice el dicho, así que ha sido un buen momento para depurar.

En la segunda situación, llevo algunos meses sin estar dentro de un campo laboral formal, un tanto por la situación actual del país y otro tanto por muchos cambios que he tenido en mi vida, empezando por la mudanza de ciudad, por lo que he notado que ciertas cosas que para mí era un “pan de cada día” dentro de una oficina, ahora con sólo pensarlo me parecen complicadas.

Por otro lado, con el aislamiento social que nos trajo la pandemia, he notado que mis habilidades sociales también se han visto afectadas, aun cuando trato de mantener contacto con amigos, familia y comparto mis días con mi esposo, cuando he estado en contacto con otras personas, o sé que tengo que estar en contacto con alguien más que no conozco o que no me siento con la suficiente confianza o tiempo de convivir, me entra cierto nerviosismo. Es curioso y raro, pero es cierto. No sé si a alguien más le pase esto, pero a mí sí.

Y bueno, podría seguir con la lista de habilidades que he sentido mermadas o algo dormidas, pero no es el caso, sólo quería ejemplificar. He de decir que también he desarrollado algunas nuevas habilidades y he conocido una que otra más, pero el punto al que quiero llegar es: como todo en la vida, si no utilizamos o aplicamos nuestros talentos, lo que sabemos o lo que hemos aprendido en los años que llevamos en esta tierra, “la humedad se los va a comer”.

Estos meses han sido una invitación para revisar cuáles de mis talentos, habilidades, conocimientos quiero seguir desarrollando para que no se queden guardados y se “llenen de humedad”; y cuáles conocimientos, creencias, introyectos, “deberías”, estereotipos (y la lista podría seguir), necesito “sacar” porque ya han cumplido su función conmigo y porque es momento de liberar ese espacio para que pueda disponer de la atención que les estoy poniendo (para limpiar y asolear), y entonces enfocarla a lo que “sí uso” o a lo que aquí y ahora, me es útil para seguir creciendo y aprendiendo.

¿Te has preguntado cuáles son todas esas cosas (que no son cosas) que están llenas de humedad en tu espacio personal porque hace tanto que no las usas o porque ya no las necesitas, pero no las quieres sacar de ti? Pues bueno, yo estoy en eso, y si lo estás haciendo, platícame cómo ha sido tu experiencia.

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